
Soy una lectora ecléctica, leo de todo, especialmente si alguien me quiere sorprender recomendándome algo que está seguro me gustará. Como estas navidades pasadas, cuando mi hijo me regaló el libro “Cola” del escritor escocés Irvine Welsh, y que ha resultado, tal como pronóstico él, una enorme sorpresa para mí, que solo lo conocía por “Trainspotting”, publicada en español en 1997 coincidiendo con el estreno de la maravillosa película homónima, interpretada por Ewan McGregor, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner y Robert Carlyle, y dirigida por el admirado director Danny Boyle, al que todos ahora recuerdan por “Slumdog Millionaire” (que tampoco está mal).
A partir de “Cola”, he empezado a devorar la bibliografía de este escritor que me parece de una frescura tal, que me cuesta trabajo definirlo. Lamentablemente a sus cincuenta y dos años no es que tenga una bibliografía que me lleve un par de años leer, por el contrario, ahora enamorada como estoy de “Cola”, “Porno” o “Trainspotting”, espero con ansias la tercera parte de esta última que me han dicho ha prometido sacar en este 2011, y todas las que vengan después.
Su trabajo es espléndido, diametralmente diferente al mío, tal vez al de mucha gente, y por esa misma razón me apasiona, me sobrecoge y me obliga a través de esta pequeña ventanita a recomendarlo.
Mención aparte merece la traducción FAN-TAS-TI-CA de Federico Corriente, que me imagino se ha dejado las pestañas pasando al español este lenguaje que los expertos definen como “dialecto urbano escocés” que tanto nos atrapa y que convierte esos monólogos inmensos, en insuperables.
Siempre he dicho que soy una apasionada de las cosas que me llegan al alma, y en este caso no podía ser diferente, y a pesar de lo duro del relato y de lo descarnados de los personajes, me confieso una enamorada de Sick Boy (Simon Williamson) o Billy Barrell o Duncan Everhart, que han llenado unas semanas singulares y complicadas para mí, de sonidos y sueños, y pensamientos, que jamás había visto impresos en un papel, no al menos de esta forma.
Así pues, os recomiendo que hagáis una inmersión fresca y desprovista de prejuicios en la bibliografía de Irvine Welsh, que seguro os encantará... yo de momento esperó volver a Escocia este año y después de echar un vistazo a mi querido Edimburgo, escaparme a Leith, escenario de la mayoría de sus novelas, para mirar aquello con otros ojos.

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