Desde que el cine se convirtió en un fenómeno de masas, regalando vida y aventuras a la gente de a pie, en cualquier rincón del mundo; desde que la música llegó a todas partes y sus estrellas pasaron a formar parte de nuestros afectos, desde que la televisión forma parte de nuestros hogares, desde que esta aldea global nos integra a todos en una especie de enorme familia, esos actores, cantantes, famosos y celebridades en general parecen tan cercanos a nuestro mundo, o incluso más, que nuestro vecino de enfrente o que nuestro primo lejano del que no sabemos nada.
Trabajo, escribo y vivo alrededor de ese interés desmesurado por los famosos, por sus vidas, la gente me pregunta secretos, me llama para comentar alguna noticia que a ellos no les toca ni a kilómetros, pero que los emociona hasta las lágrimas. Vivo entorno a ese "universo paralelo" que forma las gente famosa y suelo ser bastante crítica y escéptica al respecto, sin embargo y apesar de ello, tengo mis propios afectos, mis propias pasiones, mis propias debilidades por personas a las que no conozco (ni siquiera a nivel profesional)y por las que el corazón se me puede romper, como me ha ocurrido esta semana.
Ya comenté en este rincón, la muerte de Stephen Gately. No sé si me encuentro pasando un periodo especialmente sensible por mis propias cuitas sentimentales que no consigo superar, o porque es otoño, o simplemente porque ha muerto un hombre joven al que admiraba y que sigo oyendo a diario mientras trabajo, no lo sé, pero el hecho es que he tenido una semana triste por su pérdida y ayer, cuando pude oír las palabras de Ronan Keating en el funeral de Gately, oficiado en la iglesia de Saint Lawrence O'Toole, al norte de Dublín, un agujero enorme se me abrió en el alma y lloré oyendo los sollozos emocionados del amigo en la despedida, y sus palabras hermosas y sus recuerdos, que acabaron con una ovación por parte de los centenares de personas que rodeaban el templo para dar el último adiós al cantante.
Fue hermoso y me hizo llorar, tal vez era lo que necesitaba en este momento y por eso sucedió, no lo sé, tampoco espero traducir todas las emciones que experimento, simplemente quería compartirlas con vosotr@s porque así lo siento.
Stephen Gately murió a los 33 años, y yo pienso que al menos lo hizo en brazos de su pareja y rodeado del amor de quienes lo querían. También pienso en el valor de la amistad, del amor y de esas personas que forman parte de nuestra vida y a las que no dedicamos todo el tiempo que quisieramos y también recuerdo a alguna persona a la que quiero y que no puedo disfrutar simplemente porque me ha dado la espalda y no me quiere en su vida, sin que yo sepa los motivos, ni las razones de esta decisión, porque aunque haya preguntado no he obtenido respuestas. Pienso en todo ello y sigo con el alma rota. Será el otoño, digo yo.
Adarde - Asociación de Autoras Románticas de España
Hace 9 horas

